
Escrito por Victoria Molnar
El miedo a viajar en avión es más común de lo que se cree y puede dejar en stand by hasta la más amorosa luna de miel. A continuación algunas alternativas para que nuestros viajes más soñados no se vean frustrados.
La aerofobia es la fobia a volar. Una fobia es un miedo intenso hacia una actividad, objeto o situación específica; aunque las víctimas son concientes de que su miedo es irracional, el mismo limita su libertad de acción. Taquicardia, molestias gástricas, sensación de ahogo y hasta desmayos son las consecuencias físicas que puede manifestar en una persona la ansiedad fóbica.
La aerofobia es el temor a que el avión se accidente o se caiga. Los vuelos en avión son actualmente un elemento común de la vida de las personas y, aunque las empresas ofrecen un servicio cada vez más seguro y confiable, son muchas las que sufren ansiedad fóbica antes o durante el vuelo.
Es común que el ser humano vea al cielo como un medio antinatural en donde moverse, pero en el caso de las personas que tiene un verdadero temor a volar y lo manifiestan sintiendo angustia y ansiedad es imprescindible consultar a un especialista.
Aunque este tipo de problemas son complejos y provocados por sucesos vividos en la infancia o la adolescencia, salvo casos extremos, se superan con un tratamiento adecuado.
El recuerdo de accidentes aéreos vistos por la televisión, el no conocer al detalle los mecanismos por los que funciona una aeronave y el pensar que el piloto puede cometer un error son algunas de los argumentos que esgrimen las personas que le tienen aversión a volar.
Aún los viajeros frecuentes pueden sentir miedo y el recordar que los pilotos son profesionales muy bien preparados y los aviones uno de los medios de transporte más seguro (en el mundo mueren más personas por accidentes automovilísticos que por accidentes aéreos) puede ser tranquilizador. Si, aún así, el miedo persiste una buena idea es viajar acompañado, mantener una conversación amena, hacer ejercicios de relajación y compartir su miedo con los demás… Verás que no estas solo.
Todo lo anterior puede servirle si se ve forzado a viajar, pero en el caso de un viaje de placer lo ideal es no hacerse mala sangre y como hay tiempo disponible se puede recurrir a otras opciones, como por ejemplo tomar un crucero.
Si le tienes miedo a volar consulta a un especialista y resuelve tu problema, mientras tanto no te pierdas del placer de viajar; tomar un crucero es una buena idea y los precios son cada vez más accesibles.
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